LA ENVIDIA:
La historia que me contó mi maestro, ocurrió
hace muchísimos años en un país imaginario en la época en que todo se resolvía
con lanzas y espadas.
Aunque podríamos perfectamente extrapolarla y
traérnosla a nuestros días, con la única diferencia de que las espadas y las
lanzas, serían sustituidas por misiles y computadoras, o…
Quizá simplemente por servicios de
información secretos y políticos (Los seres sin duda más degenerados y
parásitos), apoyados por jueces engreídos, creídos de estar en posesión de la
verdad absoluta y… Ambiciosos y malvados. Resumiendo, abogados fracasados que
no han tenido huevos de establecer su despacho profesional y se han refugiado como funcionarios o…
Funcionarillos.
Bien: A lo que vamos:
El Rey, estaba muy agradecido a dos capitanes
de su guardia, que habían logrado grandes victorias.
Entiéndase por victorias, que esos dos capitanes
habían sido muy eficaces en exprimir al pueblo con impuestos injustos,
conseguido para el reyezuelo bellas doncellas a las que forzar y robar sus
tierras a algunos vecinos del Reino. Todo ello, con gran éxito.
Pero el tiempo es cruel y los capitanes,
habían envejecido.
Así que el buen Reyecito, Reyezuelo o como
quiera cada uno llamarle, pues decidió jubilarlos y darles un premio por su
recta trayectoria en la extorsión, la violación y el robo de lo ajeno al
servicio del Rey.
Sabía bien el Rey, que estos dos individuos,
se odiaban y envidiaban a muerte, así que decidió someterlos a prueba.
Los recibió en audiencia y les dijo solemnemente:
-Me habéis servido con eficacia y lealtad y
ha llegado el momento de premiaros.
Así que os voy a dar tierras, soldados dinero
y todo lo necesario para que tengáis una gozosa jubilación. Lo que me pidáis.
-Muchísimas gracias, Majestad- Respondieron
los dos al unísono y agredecidos.
-Mas hay una condición-… Continuó el
Monarca-. Uno de los dos tiene que pedirme el primero y al segundo, le daré
exactamente el doble de lo que le dé al primero.
Enmudecieron los dos ladrones-asesinos
oficiales del Rey… Se hizo una pausa larguísima… ninguno de ellos quería ser el
primero en pedir, lo que supondría que le iba a dar al segundo, justamente el
doble.
Apremió el Rey:
_Vamos… Uno de los dos que elija ya.
Los dos permanecían mudos y finalmente el
Rey, les dijo:
-Es increíble lo envidiosos que sois. Venga
tú, -señaló a uno de ellos-. Te ordeno
que me hagas tu petición, ya.
Tras unos instantes de duda, el primer
capitán dijo:
-Majestad, sáqueme un ojo.
Está todo dicho. Se puede aplicar a un montón
de gentuza de nuestros días…
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